La pequeña grandeza de Falla

El Comercio

12 de diciembre de 2009


"... magistral la interpretación de Aarón Zapico, al clave..."


Jaleo en el patio de butacas y títeres gigantes en escena. Así fue ayer la primera representación de 'El retablo de Maese Pedro' en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Barullo por el llenazo de chiquillos entre el respetable gozando con la función y muñecos de grandes dimensiones porque con ellos concibió el espectáculo Enrique Lanz. Si para el compositor Malipiero, la del 'El retablo de Maese Pedro' es la música más hermosa del siglo XX, para el público que ayer vio el espectáculo seguro que también lo fue, al menos en el tiempo que duró la puesta en escena.
Este montaje se enmarca dentro de los espectáculos infantiles de la LXIII Temporada de Ópera y, aunque tal vez esta coproducción de diversas entidades entre las que se encuentran la Fundación de la Ópera de Oviedo, está orientada a los niños, lo cierto es que el arte no tiene edades. ¿Espectáculo infantil? Sí, pero para todos los públicos. Enrique Lanz, nieto de Hermenegildo Lanz el creador de los títeres y la escena para las primeras representaciones en París y Sevilla, en 1923, es el responsable de esta original propuesta, de sus marionetas y de su escena.
El show se puede resumir como un pequeño guiñol, un teatrillo de títeres que describen el romance de Don Gayferos y Melisendra, enmarcado a su vez en un gran guiñol, con la presencia de Don Quijote, el Trujuman, Maese Pedro y otros personajes de la época y, en la parte más exterior del escenario, músicos y cantantes que ponen voz a los protagonistas del retablo. Musicalmente, los dos movimientos extremos del 'Concierto para clave y cinco instrumentos', de Falla -magistral la interpretación de Aarón Zapico, al clave y los instrumentistas de la OSGI- se prestan de preludio a la obra. Luego viene la maravillosa música del 'Retablo', alegre y plástica bajo la dirección de Gabriel Albiac, jaleada por un público infantil, que asiste expectante y jaranero al espectáculo que cierra el círculo de dos guiñoles dentro de un teatro.
Los niños se entretienen, se sorprenden con las transparencias y los guiñoles con un espectáculo fresco también para adultos, tratado con rigor musical, ingenio escénico y esa gratificante ingenuidad que no tiene edad. Hoy se presenta una nueva oportunidad para disfrutarlo. La cita, a las 12, en el Auditorio Príncipe.

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