En clave inglesa

CD Compact

01 de julio de 2009


Segundo concierto del X Festival de Música Antigua.
Aarón Zapico, joven intérprete asturiano, ofreció la integral de las suites para clave solo de Henry Purcell, en el 350 aniversario de su nacimiento. Bajo el título general de "Orpheus Britannicus" fue desgranando las ocho composiciones que integran la colección. La estructura mecánica del clavicémbalo y su condición tímbrica obligan al intérprete a esmerar su pulsación, matizar las líneas melódicas, controlar el volumen y ejecutar los ritmos con absoluta precisión. El instrumento no ofrece la versatilidad del piano y por ello no caben escapatorias ni subterfugios. Todo ha de ser claro y distinto, en la más limpia tradición musical e intelectual. Escuchando atentamente el clave es posible establecer una filosofía del sonido, más allá del punteado, del pulsado metálico de las cuerdas.
Pensadas estas suites de Purcell como ejercicios didácticos en su época, hoy desbordan este concepto cuando el intérprete no es un aprendiz sino un maestro, como Zapico. Las ocho obras sonaron como un bloque unitario y diferenciado al mismo tiempo. Además de variar la tonalidad, y en pequeño grado a la estructura interna de cada una, el artista les imprimió un carácter propio, consciente de que la monotonía y la reiteración rutinaria no son buenos compañeros de viaje para la música.
El mismo orden interpretativo - 1,3,6,7,5,4,8,2 - tenía su sentido, a la búsqueda de los contrastes y de las matizaciones que posibilita la obra. Siendo breves cada una de las suites compuestas de tres, cuatro o cinco danzas de ejecución rápida e intensa, lo que sobraron fueron los aplausos del público entre las mismas. Una música de este carácter prefiere la continuidad, la sucesión sin alteraciones, lo cual permite profundizar en el contenido estético y alcanzar casi un estado meditativo, una de las cumbres sensitivas a la que puede llevar la integración entre el sonido musical, la armonía del espíritu y la materia. Afortunadamente, a partir de la cuarta suite (la número 7), cesaron los escasos aplausos que molestaban más que estimulaban, tanto al intérprete como a la audiencia.
Sin duda fue esta segunda parte del concierto, en el que no hubo descanso, la más cabal, la más intensa, la más sentida, la más integradora.
Un bis completó el recital que apenas duró una hora. Lo bueno, si breve...

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