De Farinelli a Vivaldi

La Nueva España

12 de agosto de 2019


Los asturianos "Forma Antiqva", referencia nacional en la música barroca, triunfan en el Festival de Santander con dos propuestas muy contrastadas

La formación asturiana “Forma Antiqva”, que lidera Aarón Zapico, mantiene este verano una actividad frenética consolidada como uno de los grupos españoles clave y con firme presencia en los más importantes festivales. En el de Santander (FIS) es protagonista por partida doble. De hecho, es la pieza esencial de una nueva coproducción, “Yo, Farinelli, el Capón”, que han coproducido el ciclo cántabro y el festival de El Escorial. Además, su influencia se extiende también a los marcos históricos protagonizando varios conciertos con la música de Vivaldi como hilo conductor.

“Yo, Farinelli, el Capón” es un espectáculo muy especial, híbrido, mezcla de estilos, un teatro musicalizado que profundiza, desde una emotiva veta melancólica, en uno de los castrati más famosos de la historia de la ópera, Carlo Broschi, Farinelli. Basado en la novela homónima del escritor y periodista Jesús Ruiz Mantilla, el concepto de partida del mismo es magnífico: un Farinelli ya en los últimos días de su existencia rememora su vida desde su propia perspectiva, trazando un hermoso autorretrato en el que el espectador accede a los principales hitos de un nombre esencial en la música de su tiempo, y especialmente en nuestro país, donde residió varias décadas al servicio de la corte.

El texto de Ruiz Mantilla es magnífico, luminoso y de profunda veta lírica. El humor, la ironía y un tono crepuscular ayudan a dibujar el personaje con acierto y la precisión de un forjador de sueños. Miguel Rellán lo hace suyo de principio a fin, en un tremendo “tour de force” interpretativo que no siempre está en lo más alto porque, quizá, la propia densidad del mismo propicia que en algún momento la tensión dramática no alcance la precisión adecuada.

El Farinelli cantante, espejo en el que se mira el actor y que le sirve para modelar la memoria a su antojo, lo encarna el contratenor Carlos Mena, de voz rotunda y siempre presente, más adecuada en los pasajes nobles y un tanto forzada en las arias de agilidad, no del todo ajustadas a su perfil vocal. No obstante, Mena saca adelante su cometido con profesionalidad y garra interpretativa.

Es precisamente en “Forma Antiqva” y en la siempre original mirada de su director Aarón Zapico, donde se asentó el éxito de la velada. Las músicas, unas veces a modo de oberturas e interludios, otras de carácter incidental, tejen la trama de la historia, la contextualizan y le dan ese porte de teatro musical barroco. Magnífico el resultado del grupo, con su seguridad y contundencia habituales.

El director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, esta vez en cometidos de dirección de escena, concibe la mirada a Farinelli como un espectáculo de formato camerístico en el que la seducción y la emoción llegan por el gesto, por los detalles que se sugieren. Quizá, precisamente, este enfoque no sea el más adecuado para las enormes dimensiones de la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria, y de ahí que el balance global pierda un poco de contundencia por la propia lejanía del espacio. No obstante, el éxito de público fue rotundo y categórico.

Si hay algo que no se le puede reprochar a “Forma Antiqva” es que sea una agrupación que se acomode en un estándar de trabajo y viva de rentas. Todo lo contrario. Siempre están en alerta, en vanguardia, proponiendo nuevos formatos y enfoques, lo cual debe tenerse especialmente en cuenta en un momento en el que la difusión musical es prioridad absoluta.

Su presencia en los marcos históricos del FIS lo ha sido en Noja y Miengo. En la primera ubicación, en los jardines del palacio del marqués de Albaicín. En ellos, “Forma Antiqva” desarrolló su propuesta “Vivaldi in the park”, cóctel barroco a la intemperie en el que la música de Antonio Vivaldi llevó la voz cantante en perfecto maridaje con la de Telemann.

Aarón Zapico fue explicando cada bloque de obras al modo de un barman en una sofisticada coctelería en la que los sabores y afectos musicales convivieron con absoluta naturalidad. El público, que agotó las localidades, abrazó el reto con entusiasmo y se dejaron llevar por la chispa, el dulzor o los tintes amargos del “Rustic Blossom” del “Noir désir” o del “Stormy love”. El contundente “hacer musical” de los “Zapico&friends” discurrió como un tumultuoso torrente, con vigor interpretativo y chispeantes acentos en los que el Barroco tendía puentes con estilos más de nuestro tiempo. Los músicos pudieron con todo, incluso con la caída de un foco del escenario, casi al final de la actuación, que afortunadamente no tuvo mayores consecuencias. Sin duda estos barrocos al aire libre, tan de jardín italiano o inglés, vale en ambos formatos, se adaptan también perfectamente a los siempre exuberantes jardines españoles y especialmente a los cantábricos, en los que siempre hay que estar mirando al cielo por si la lluvia hace acto de presencia. Pero, como en las verbenas, aquí también hay carpa.

Cosme Marina

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