La luz que surge entre las tinieblas

Granada Hoy

01 de julio de 2018


El conjunto de música antigua Forma Antiqva ofreció un magnífico concierto matinal en el Monasterio de San Jerónimo, dentro del ciclo que tradicionalmente dedica el Festival de Granada a la música antigua. Esta formación, liderada por Aarón Zapico e integrada por sus hermanos Daniel y Pablo, y el violagambista Rami Alqhai, son invitados de excepción en la edición de este año, ofreciendo diversos conciertos y actividades formativas que contribuyen a acercar el repertorio anterior al siglo XIX al gran público.

Forma Antiqva, el grupo que lidera Aarón Zapico, ofreció un magnífico concierto matinal en el Monasterio de San Jerónimo para acercar el repertorio anterior al XIX al gran público

Para su concierto matinal Forma Antiqva rindió homenaje a François Couperin, uno de los compositores más renombrados de la Francia del Rey Sol Luis XIV. Como pieza principal del programa figuraron las Lecciones de tinieblas para el Miércoles Santo que el autor publicó en París en 1714. Acompañando a las lecciones, en un coherente y bello intento de respetar la estructura de la liturgia de tinieblas, se intercalaron diversos fragmentos instrumentales en el lugar donde irían las lecturas, y se concluyó la interpretación añadiendo el Magnificat también de Couperin. Este diseño de programa evidencia no sólo el profundo conocimiento del repertorio de los integrantes de la formación, sino también su compromiso con un concepto historicista de la interpretación. Los instrumentos de época y la técnica de articulación y de desarrollo del bajo continuo son valores añadidos a esta preclara visión estética.

Las Lecciones de tinieblas están escritas para voz de soprano y bajo continuo: las dos primeras se cantan a solo y la tercera a dúo. Toman el texto de las Lamentaciones del profeta Jeremías, por lo que sus versos se preceden de una entonación basada en las letras del alefato. El desarrollo instrumental no es grandilocuente, por lo que basta con cuatro instrumentos para su realización; sin embargo, está lleno de sutilezas y giros expresivos de gran belleza.

La primera lamentación fue interpretada por la soprano Lucy Crowe, quien con una voz de potentes y delicados agudos y gran desarrollo regaló bellos momentos desde la primera entonación. A caballo entre el estilo arioso y el recitativo, la soprano plasmó con gran belleza la piedad y recogimiento del texto, sobre una genial realización del bajo armónico, presente en su justa medida. A su conclusión Aarón Zapico interpretó una Sarabanda de Robert de Visée al clave, en un instrumento de doble teclado de la colección de Rafael Puyana que se encuentra cedido al Archivo Manuel de Falla.

La segunda lamentación estuvo a cargo de Núria Rial, una de las voces más bellas y adecuadas para el repertorio antiguo de nuestro país. La calidez de su timbre y su perfecta técnica hicieron de cada entonación, cada recitado y cada canto arioso un disfrute para los sentidos. Cabe destacar su capacidad expresiva para desarrollar los momentos álgidos de la melodía, como es el caso en "recordata est Jerusalem", con pequeños melismas alargados sobre un ostinato del bajo que concluyen en el mayor desarrollo de "auxiliator". Cerrando la lección, Pablo Zapico interpretó al laúd un preludio también de Couperin.

La tercera lección es más expresiva al estar escrita para dúo de sopranos. Ambas intérpretes fusionaron magistralmente sus voces en un discurso sublime, en el que el equilibrio y fluir de la melodía recordaba por momentos al "Duo seraphim" de Monteverdi. El canon y el contrapunto imitativo se alterna con pasajes homofónicos de ambas voces en el transcurso de esta última lección, siempre sostenidos sobre un sustrato armónico rico tanto en su desarrollo como en las glosas realizadas por los integrantes de Forma Antiqva.

Antecediendo el Magnificat Rami Alqhai interpretó Las voces humanas de Marin Marais a la viola de gamba, glosado por la tiorba de Daniel Zapico. Sin solución de continuidad se acometió por Lucy Crowe y Núria Rial el verso inicial del Magnificat de Couperin. Nuevamente, la coherencia interpretativa, la hermosa fusión de ambas voces y el estimulante acompañamiento instrumental despertaron el agrado e interés del público, que prolongó su ovación y obligó a salir a saludar hasta tres veces a los intérpretes.

Gonzalo Roldán

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