El canto bien dicho de Sara Mingardo y Forma Antiqva llena en Oviedo

El Comercio

03 de mayo de 2018


La sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, ideal por sonoridad y cercanía para esta Primavera Barroca, se está quedando muy justa, por no decir pequeña, para el público creciente y variopinto que, concierto tras concierto, prácticamente ocupa sus más de cuatrocientas localidades. Excelente entrada volvió a registrar ayer para escuchar de nuevo a Forma Antiqva y a la cantante Sara Mingardo, bajo la dirección de Aarón Zapico, en un extraordinario viaje por las emociones y afectos contenidos en los madrigales y canciones del primer barroco italiano.

Junto a los hermanos Daniel, Pablo y Aarón Zapico, ejercieron como integrantes de Forma Antiqva Alejandro Villar (flauta de pico), Jorge Jiménez y Daniel Pinteño (violines) y Ruth Verona (violonchelo).

En el programa, obras vocales de Andrea Falconieri, Tarquinio Merula, Viagio Marini, Giovanni Salvatore, Carissimi, Kapsberger y, como figura central, Claudio Monteverdi. También aires y variaciones instrumentales de compositores de los siglos XVI y XVII, a caballo entre el manierismo y el barroco. Un programa donde una característica fue la continuidad. Por ejemplo, los acordes de una chacona servían de perfecta introducción a la siguiente aria.

Zapico: «Siempre hemos sentido que estábamos en casa, a pesar de los desacuerdos con la Administración»

Otra peculiaridad fue un ritmo afectivo muy evidente. Las primeras obras transmitían una placidez serena, la parte central estaba dedicada a los afectos y las emociones más extremas y la parte final fue de una clara alegría.

Sara Mingardo es una mezzo con sonoridades metálicas muy propias de una contralto. Su punto fuerte, más que cantar, es la manera, la forma de decir el canto. Y, cuando se trata de conmover, de emocionar, decir bien el canto es tan importante como entonar bien las notas.

Sin duda, el momento más cálido de su interpretación fue 'El lamento de Ariadna'. Sobre todo, la estrofa, que comienza 'Lasciatemi morire', cantada con una enorme profundidad y un gran poder de conmover.

Aarón Zapico, que recientemente vio cómo el convenio por el que la formación asturiana tenía su residencia oficial en el Auditorio ovetense se extinguía, en una breve intervención al final del concierto agradeció al Centro Nacional de Difusión Musical y al Ayuntamiento de Oviedo poder tocar aquí. «Siempre hemos sentido que estábamos en nuestra casa, a pesar de algunos desacuerdos con la administración. Y, para nosotros, es un privilegio que tenemos estar en Oviedo, con su maravilloso público».

Concierto aplaudidísimo en el que el respetable tuvo ocasión de escuchar no a «una leyenda del canto», como dijo el propio Zapico, sino a una mujer que sabe modular, decir y emocionar con la palabra y la música. Un recital en el que, como propina, interpretaron 'O bellissimi capelli', de Falconieri. Según comentaron, la primera aria que había estudiado en su adolescencia.

Ramón Avello

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