“Los elementos”, un canto a la luz

Beckmesser

15 de abril de 2018


Animado espectáculo, incluido en el capítulo de obras escénicas de pequeño formato que la Fundación March, con la colaboración del Teatro de la Zarzuela, viene desarrollando en las últimas cuatro temporadas. Se hace ahora una primera excursión al barroco español de la mano de Antonio de Literes, uno de los compositores más importantes de fines del XVII y principios del XVIII. La obra elegida ha sido la tan famosa en su tiempo “Los elementos”, estrenada en el palacio de la Duquesa de las Torres hacia 1705.

En esta especie de divertimento o ballet barroco, bautizado como “ópera armónica al estilo italiano”, confluyen la mejor tradición del verso hispánico con el estilo venido de Italia, lo que era sinónimo de modernidad. Se nos muestra la lucha del Sol para imponerse sobre la Noche, como símbolo del triunfo del orden natural en el cosmos, pero también, y ahí está la gracia, a veces difícil de apreciar hoy en día, la organización social de aquella época. La luz que Felipe V de Borbón frente a la oscuridad del archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión.

La composición está cuajada de aires de danza, de recitados, de números a más de una voz, de coplas, de arias y arietas, algunas muy adornadas de trinos y agilidades de diverso cuño, de las que las seis gentiles intérpretes dieron buena cuenta. A destacar entre ellas, la coloratura desplegada por Aurora Peña, la solvencia y afinación de Eugenia Boix, el agradable vibrato de Olalla Alemán, la donosura de Lucía Martín-Cartón, la calidez de Soledad Cardoso y la seguridad de Marifé Nogales. Voces todas ellas, excepto las de las dos últimas, de estirpe aguda y clara (no tanto la de Alemán), amigas de sonidos tirando a fijos.

Los 36 números de la obra discurrieron placenteramente gracias a la fluida interpretación de los cinco instrumentistas de Forma Antiqua, con espléndidas intervenciones a solo del gambista Alejandro Marías. A su lado, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca, Daniel Pinteño y Pablo Prieto, violines, y Tamar Lalo, flauta de pico. Desde el clave Aarón Zapico gobernó y dio colorido musical al conjunto. Como en lo escénico hizo Tomás Muñoz, que movió con gracia a las cantantes, actualizó la alegórica acción y aportó acertados detalles de ingenio. Rafael Rivero, que tuvo una breve intervención final como bailarín, ideó la jugosa coreografía y Gabriela Salaverri otorgó su elegante y estilizado toque al vestuario.

Arturo Reverter

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