Antonacci: las emociones del “Seicento”

Beckmesser

13 de enero de 2018


“Disprezzata regina”: obras de Castello, Falconieri, Marini, Strozzi, Scheidt, Merula, Uccellini, Frescobaldi y Monteverdi. Anna Caterina Antonacci, soprano. Forma Antiqua. Director: Aarón Zapico. Madrid, Auditorio Nacional, sala de cámara. 10 de enero de 2018.

La sesión, dominada por la descomunal figura de Monteverdi, ha ofrecido un pequeño resumen de la escritura vocal e instrumental del Seicento, que se ha desarrollado bajo el lema “Un viaje por las emociones del Barroco en un prólogo y cinco actos”. Sus títulos: “Del desprecio”, “De la melancolía”, “De la batalla”, “Del lamento” y “Del perdón”. Ante nosotros han desfilado muy hermosas composiciones que describían los más variados estados de ánimo con el fulcro soberano de las tres óperas completas monteverdianas y de la que quedó incompleta, Lamento d'Arianna (1623).

Una magnífica sesión trazada de una sola vez a lo largo de 75 minutos, con la única interrupción de los aplausos que han premiado la honda y lacerante expresividad de Antonacci en esa última página, en la que, como en toda la sesión, ha estado milagrosamente unida al conjunto. El continuo (Ruth Verona, chelo, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca y Aarón Zapico, clave) ha funcionado como un reloj.

La soprano –antes mezzo- italiana, que ha cumplido ya los 55, ha puesto de manifiesto una vez más su categoría artística. Aunque la voz ha perdido tersura y en su emisión aparecen ahora, de vez en cuando, sonoridades espurias, la fuerza de su canto, dentro del estilo, pero con empleo de acentos y efectos modernos, es tal que acaba por convencer. Sabe matizar, pasar del forte al piano, modular, frasear con extrema nitidez y dibujar hermosos arcos dinámicos. Ya desde los refinados melismas de “Così mi disprezzate” de Frescobaldi, con descenso al la 2 y poco después del maravilloso recitado de Ottavia de “L'incoronazione di Poppea”, nos dimos cuenta de que estábamos ante interpretaciones originales y convincentes, en las que la voz iba del íntimo susurro a la exclamación estentórea.

El concierto concluyó en belleza con el jubiloso canto de Orfeo (una concesión en un papel que está escrito para tenor), “Vi ricorda, o bosch’ombrosi”, en donde Forma Antiqua evidenció nuevamente su sentido del ritmo, su conjunción, su imparable animación y su capacidad colorista empujado desde el clave por la mano diestra, ágil y conocedora de Aarón Zapico. Alejandro Villar se lució con las flautas de pico y Jorge Jiménez y Daniel Pinteño estuvieron justos, afinados, impecables con sus violines. Éxito colosal a sala abarrotada. Y un bis: la citada página de Orfeo.

Arturo Reverter

Volver a críticas