Maniera moderna

Platea Magazine

15 de junio de 2016


En su gran obra aparecida por primera vez en 1550, Vite de' piú eccellenti pittori, scultori e architetti italiani, da Cimabue insino a´tempi nostri, habla el pintor, arquitecto y escritor Giorgio Vasari de la maniera moderna, aquella que correspondería con la desarrollada por los artistas de su época, el Renacimiento, y que en su concepción evolutiva del arte suponen una culminación tras los oscuros siglos medievales. Naturalmente, con la perspectiva que nos da el tiempo, ya no se puede asumir una visión “biológica” de la Historia del Arte (ni siquiera para considerar una evolución inversa, por más que nos encontremos un público que, en cualquier arte, siempre está dispuesto a afirmar aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor), y asumimos con naturalidad la convivencia de diferentes formas de hacer, estilos o criterios interpretativos, sin que ninguno de ellos tenga que suponer necesarimente la culminación de nada, ni lo pretenda. Esta temporada del ciclo Universo Barroco del CNDM, que llega a su fin ahora con el concierto, aplazado en su día, de Forma Antiqva es un ejemplo más de que diferentes formas de entender la música barroca pueden convivir armónicamente (nunca mejor dicho) y hacer disfrutar por igual al aficionado con lecturas que parten de puntos de vista más tradicionales o de la maniera personalísima y reconocible que conjuntos como el de los hermanos Zapico han desarrollado.

Agostino Steffani es un compositor que está de moda, lo que no se pude negar es responsabilidad en gran parte de Cecilia Bartoli y su disco Mission con I Barocchisti; pero el impulso mediático de la cantante romana difícilmente podría tener un largo recorrido si la música del compositor no tuviera la calidad que por fortuna estamos descubriendo, entre otras cosas gracias al disco Crudo Amor a cargo del mismo equipo que nos ofreció el programa del pasado día 10, compuesto por cantantas para soprano y alto. El conjunto de los hermanos Zapico es uno de los más estimulantes en el panorama español, lo que les ha proporcionado tanto premios como críticas, pero en todo caso su directo resulta electrizante, y en el espacio reducido de la sala de cámara consiguieron sacar lo mejor de las obras de Steffani, aprovechando la variedad formal de piezas para desarrollar de forma imaginativa el acompañamiento con todas las combinaciones que les permitieron los cuatro instrumentos (añadase a los tres hermanos el cello de Ruth Verona). Bien es cierto que cuando más reconocibles resultaron fue en los momentos más enérgicos, como en aquellos del duetto Non bastava al dio d`amore de Dimmi, dimmi Cupido, o en en la parte final de Occhi, perché piangete, con los rasgueos a cargo de Pablo –un poco desequilibrado tal vez el sonido hacia la guitarra dentro del conjunto, en directo, circunstancia que se amortigua en disco-, aunque supieron ser exquisitamente delicados en el acompañamiento de los fragmentos más intimistas de los cantantes. Mención aparte al enfatico ritmo, casi caribeño, impreso a Mai non gode quel cor de la cantata Crudo Amor, morir mi sento, y su final con pequeña sorpresa, efectista sin duda. Por poner una pega, faltó en algunas cantatas mayor continuidad entre números, que habría aportado unidad a las mismas.

Una “manera moderna” que sin descartar otras posibilidades de ser moderno no deja indiferente, y tiene la virtud del entusiasmo y la originalidad, aunque también tiene sus riesgos, pues no debemos olvidar que en la maniera vasariana está implícito el llamado Manierismo, que llevó a los artistas a la imitación de los grandes maestros, produciendo obras que en el peor de los casos son acumulaciones de referencias mejor o peor asumidas y ejercicios de complejidad a mayor gloria de la propia capacidad de exhibirlas. En el caso que nos ocupa, el riesgo de manierismo vendría más bien de uno mismo, del impulso por superarse en originalidad y que terminara por ser un fin en sí mismo, riesgo que tal vez han rozado en otras ocasiones pero pienso quedó lejos para el grupo asturiano en este concierto, con la mejor prueba en la sensibilidad y contención demostrada por cada uno de los hermanos en las pequeñas introducciones solistas de que dispusieron, y disfrutamos. Y es que la tentación del Más Lejos-Más Alto-Más Fuerte es difícil de resistir para el artista... y también para el espectador, qué duda cabe.

Poco debate en lo que respecta a Carlos Mena, que ofreció una auténtica lección de canto en todos los sentidos, como por otro lado no es extraño en él. Empezado por un fraseo cuidado al milímetro, extrayendo toda la expresividad de los textos en los recitativos, preocupación académica por mantener la homogeneidad de registros, coloratura de ejecución irreprochable (las frases de Ma, se nel tuo bel viso de Sol Negl`occhi, seguramente más rápidas incluso que en su versión en disco), agudos precisos y graves firmes... una ejecución de pura orfebrería vocal. La réplica de Eugenia Boix puntúa algo más bajo, ya que sin desmerecer del gran nivel general del concierto admite algunas consideraciones; voz construida hacia el agudo, da lo mejor de sí en la zona superior, que corrió estupendamente por la sala, pero en el centro resulta seca y mucho más pobre tímbricamente, además de sufrir con la coloratura más que Mena (se puso de manifiesto, por ejemplo, en el duetto Son erede dei tormenti de Dimmi, dimmi, Cupido, en las frases donde las lineas vocales de ambos se cruzan). A pesar de ello, también dejó momentos de belleza trascendente como el arioso Oh, toglimi la speme dentro de Crudo Amor, con el solo acompañamiento del clave. Y más allá del análisis individual, las características de las piezas del programa invitan a juzgar a los dos cantantes en su labor conjunta, dada la abundancia de duos, donde las voces de ambos se acoplaron de manera perfecta como en un inolvidable Occhi, perché piangete?

Finalizó el concierto, y con él la temporada del Universo Barroco, con un éxito por aclamación del público, al que se sumaron un par de bises, uno que lo fue en sentido estricto (repetición de una sección de Placidissime catene) y el otro que fue un añadido, el duo Pur ti miro, pur ti godo de L'incoronazione di Poppea, que ni su condición de obra maestra ni la teatral interpretación, con los cantantes surgiendo de las puertas laterales de acceso al patio para ir acercándose hasta encontrarse en el escenario, logran justificar su inclusión en un concierto dedicado íntegramente a Steffani.

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