Exaltación de la danza

Gara

05 de agosto de 2015


No son muchas las bandas que puedan decir que han llegado al centenar de conciertos en sus giras, y sin embargo los tres hermanos asturianos Aarón, Daniel y Pablo Zapico celebraron ayer en la Quincena Musical ese número de representaciones de su “Concierto Zapico”, toda una exaltación de la danza de los siglos XVII y XVIII a través de las músicas de Nebra, Sanz, Corelli, Kapsberger, Roncalli o Murcia. En programa, músicas bailables de toda Europa, muchas de ellas prácticamente ignotas para nuestros oídos modernos: fandangos, marionas, xácaras, passacaglias, chaconas, cumbés, folías... adaptadas para guitarra barroca, tiorba y clave, los tres instrumentos de cuerda pulsada que tocan los hermanos Zapico.
El espectáculo fue redondo por varias razones. En primer lugar por la propia música, llena de energía y movimiento. La vivencia instintiva del ser humano hacia la danza no ha cambiado tanto en los últimos 300 años y en muchos momentos los ritmos ternarios y los ostinatos melódicos terminaron por arrastrarnos a una suerte de hipnosis.
En segundo lugar por la gran calidad de los músicos, en especial del tiorbista Daniel y el guitarrista Pablo, que tuvieron más ocasiones para improvisar, arriesgar y lucirse que Aarón, que esta vez se limitaba a aportaba una base sólida sobre la que hacer volar la imaginación de sus hermanos. Y en tercer lugar porque estos tres intérpretes que se conocen desde la cuna tienen un entendimiento camerístico maravilloso. Sin aspavientos ni necesidad de mirarse demasiado el uno al otro, conocen a la perfección la personalidad de cada cual e imprimen una personalidad inconfundible a sus versiones.

Mikel Chamizo

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