A la manera Zapico

El Comercio

29 de marzo de 2014


Juan Carreño Miranda nació en Avilés el 25 de Marzo de 1614 y falleció en Madrid el 3 de Octubre de 1685. La mayor parte de las obras que los hermanos Zapico tocaron dentro de los actos del cuarto centenario del nacimiento del artista avilesino no las pudo escuchar el pintor, porque se compusieron después de su muerte. De hecho, probablemente Carreño Miranda habría oído solamente las folias, los canarios, las danzas de las hachas o de antorchas, obras que se tocaron al final del concierto celebrado el jueves en la Casa de Cultura de Avilés, y tal vez algún aire italiano de Caldara o Monteverdi. Sin embargo, es seguro que toda esta música le resultaría próxima y familiar a nuestro pintor. Especialmente en su ‘forma’, en su ‘manera’ de hacerla e interpretarla.

Esa manera, tal como recordó Aarón Zapico en unas palabras previas al concierto, nace del arte de la transcripción. Adaptar y adoptar las grandes formas musicales –una obertura, un dúo o un aria operística a los instrumentos que se tenían a mano, sin que la música –melodía, ritmo, textura y armonía– perdiese su esencia al trasladarla a otros instrumentos, como podrían ser el clave, la tiorba y la guitarra barroca, los instrumentos de Forma Antiqva. Esta ‘manera de interpretar’ era, con toda seguridad, la sonoridad cotidiana y el ambiente musical de la época de Carreño Miranda, pero como todas las manifestaciones artísticas que poseen una autenticidad de ley, llega con su carácter fresco y espontáneo hasta nosotros.

En el recital, Forma Antiqva interpretó obras conocidas y grabadas por ellos en dos CDs: ‘Opera Zapico’ y ‘Concerto Zapico’. Y sin embargo, pese a ese conocimiento previo, la escucha en directo depara siempre sorpresas sutiles, como si se estuviesen interpretando y escuchando por primera vez. Los delicadísimos matices en el canto de la romanza de José de Nebra, ‘Adiós, prenda de mi amor’, la despreocupada cantilena de la serenata de ‘Don Giovanni’, el canto claro y evocativo de la voz en el aria de la muerte de Dido o el carácter abierto e improvisado sobre las ‘Folias de España’ fueron algunas de estas versiones que reconstruyen esa sonoridad ‘doméstica’ y cercana de los siglos XVII y XVIII. Música que nos llega no desde una especie de arqueología sonora muerta, sino desde una ‘manera Zapico’ que resulta fresca, espontánea y natural. Tan actual ahora como hace cuatro siglos.

Ramón Avello

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