Pasión de fuerza dramática y colorista

La Nueva España

02 de abril de 2014


La música religiosa es un ingrediente indispensable en la celebración de la Semana Santa, ya próxima en estas fechas. La Música, al servicio de la Palabra, propicia un despertar de sensibilidades. Las cantatas, Misas, oratorios y Pasiones remueven voluntades a través del mensaje y el oficio divino. La programación musical ovetense no es ajena a esta celebración y en el Ciclo de Grandes Conciertos del Auditorio hemos escuchado «Pasiones» de Bach de referencia. A ellas se suma «La Pasión según San Juan» de este lunes, que supuso por primera vez la unión de dos formaciones asturianas de proyección internacional: Forma Antiqva y El León de Oro.

«La Pasión según San Juan» de Bach vio la luz elViernes Santo de 1724 en Leipzig. En ella, el «kantor» empleó textos de la Biblia luterana, del poeta Barthold Heinrich Brockes, de su propia «Pasión según San Mateo,BWV244» y otras cantatas deWeimar. Así lo recogía la musicóloga María Sanhuesa en las magníficas notas al programa. En su «Johannes», Bach profundizó en el simbolismo de los textos y en su mensaje apocalíptico a la par que liberador, con gran carga dramática. La versión que escuchamos el lunes, bajo la dirección de Aarón Zapico, fue sensible en todo momento al poder descriptivo y poético de esta obra de energías condensadas. Como explicaba Sanhuesa, Bach meditó a tal fin la arquitectura de su «Pasión», a través de la alternancia de recitativos y coros, y números intercalados para voces solistas y corales, «que introducen reflexiones de índole teológica a los acontecimientos narrados».

La «Johannes» de FormaAntiqva –que siguió la edición de Bärenreiter, de 1749– se caracterizó por su energía y variedad tímbrica, cualidades ya inherentes al conjunto. En esta ocasión, el conjunto compartió atriles con músicos de Tercia Realidad y del Cuarteto Quiroga, con su primer violín, el asturiano Aitor Hevia, como concertino. Hay que destacar la solidez e inventiva del bajo continuo en los recitativos –otro elemento característico de FormaAntiqva– apoyando el significado dramático de los textos, con instrumentistas especializados de primera línea (espectacular RuthVerona al violonchelo). Así, aspectos como la riqueza tímbrica –meditada incluso para los corales– y la compenetración entre voces e instrumentos dotaron de una calidad espectacular a toda la interpretación. En ello tuvo mucho que ver también el Coro El León deOro, que dirige MarcoAntonio García de Paz. «Los Leones» demostraron más flexibilidad que nunca como conjunto vocal, bien equilibrado, con turbas que dejan sin aliento, frente a corales introspectivos, que sonaron perfectamente empastados. Además, Elena Rosso, entre las voces de El León, destacó también en su intervención solista como la sirvienta.

Es necesario subrayar, por su peso en la obra, el papel de Gerd Türk como Evangelista, con recitativos bien impulsados en todo su poder dramático –se le escuchó más forzado en las arias para tenor–, que tuvieron su cenit en la negación de Pedro, realmente estremecedora. Junto a él, Peter Kooij, en el papel de Jesús, destacó por su fraseo expresivo, rotundo y de finos perfiles, dúctil también para las agilidades de «Mi reino no es de este mundo». Por su parte, el contratenor Damien Guillon protagonizó el aria «¡Todo se ha cumplido!» que, acompañada del chelo, la viola de gamba y el clave fue uno de los grandes momentos de la velada. Guillon cautivó al público con una voz perfectamente modulada y dominada en todo su registro. No se quedó atrás María Espada, ya conocida y apreciada por el público asturiano. La soprano tuvo uno de sus momentos estelares en el aria «En honor del Altísimo»: página compleja que sonó quizás destemplada en su inicio, con el oboe y traverso a cargo del acompañamiento. Para redondear el elenco, el bajo Francisco Javier Jiménez Cuevas ofreció un Pilato impecable en la segunda parte de la obra.

Diana DÍAZ

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