Rigor y emoción

El Comercio

16 de abril de 2012


"La relación entre fidelidad musical histórica e imaginación interpretativa fueron el eje de la versión de Dido y Eneas. Flexibilidad de tiempos, transparencia polifónica, libertad en las realizaciones del continuo, empaste sonoro y una variedad de efectos y afectos, siempre estuvieron presentes en los juegos y combinaciones instrumentales. Desde el punto de vista vocal, equilibrio, sutileza y variedad de caracteres, desde lo patético a lo grotescos."



No deja de ser sorprendente que uno de los grupos mundialmente más innovadores dentro del campo de la música preclásica como es “Forma Antiqva”, tenga sus raíces en Langreo, lugar de nacimiento de Aaron, Daniel y Pablo Zapico. Sorprendente y milagroso. Los hermanos Zapico están realizando en los últimos años una labor rigurosa, sensible y al mismo tiempo divulgativa a favor de una música de singular riqueza, labor valorada incluso hasta en su región natal. Pero no sólo son profetas en su tierra, sino también una referencia en la forma de interpretar y concebir la música del barroco y renacimiento. Hace un año, una obra tan conocida como “Las cuatro estaciones” de Vivaldi, causaron en el Festival Internacional de Granada una conmoción por esa mezcla de frescura, emoción y al mismo tiempo rigor histórico.

En el campo operístico habíamos escuchado a Forma Antiqva hace dos años, en la temporada ovetense con “La Coronación de Popea”. Musicalmente el grupo me gustó más, mucho más, ayer, en la versión en concierto de la ópera “Dido y Eneas”, de Purcell. Se considera que esta ópera de cámara, casi una mascarada, es no sólo el nacimiento, sino la cumbre de la ópera inglesa. Con recursos musicales escuetos, Purcell proyecta un drama de una enorme variedad y riqueza musical en la que tienen cabida la parodia y el humor, los corales, las danzas, los vuelos melódicos y la expresión del patetismo encarnado en la voz de Dido. Todas esas cualidades se plasmaron en la bellísima versión de Forma Antiqva, con esa atractiva mezcla de rigor estilístico y fantasía sonora.

La relación entre fidelidad musical histórica e imaginación interpretativa fueron el eje de la versión de Dido y Eneas. Flexibilidad de tiempos, transparencia polifónica, libertad en las realizaciones del continuo, empaste sonoro y una variedad de efectos y afectos, siempre estuvieron presentes en los juegos y combinaciones instrumentales. Desde el punto de vista vocal, equilibrio, sutileza y variedad de caracteres, desde lo patético a lo grotescos. Individualmente, el tenor Fernández – Rueda correcto pero sin timbre heroico y con poca voz para el papel de Eneas. María Espada representó a una Belinda encantadora, vocalmente muy atractiva y natural, una voz de un bellísimo color lírico; el contratenor Flavio Ferri- Benedetti, destacó tanto por su voz, como por su poliédrica habilidad interpretativa y, finalmente, Amaya Domínguez encarnó a una Dido de gran fuerza y seguridad vocal, expresiva y pasional. La versión de su famosa aria “Cuando yazca en la tierra”, resultó antológica.

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