La clave de la fantasía

ABC El Cultural

23 de julio de 2011


"El clavecinista español AarónZapico explora los recovecos de la fantasía barroca en un soberbio recital discográfico dedicado a la música de Frescobaldi y Froberger"


Si -como algunos sostienen- todo está inventado, entonces es posible que nuestro zapping tenga un antecedente ilustre en las tocatas de Girolamo Frescobaldi. La que abre su Segundo Libro (1637) es casi una declaración de principios. El principio es una fulgurante carrera de escalas y arpegios. Luego, a intervalos de quince o veinte segundos, la pieza pasa por las situaciones más diversas: un recitativo lento, una precipitada carrera por todo el teclado, un ritmo estable de danza, un episodio lírico, una sección alborotada... La fantasía de Frescobaldi viaja a velocidades vertiginosas. Las ideas surgen una tras otra con apabullante rapidez, eclosionan a ritmos acelerados, imprevisibles e instantáneas, sin amoldarse a formas preestablecidas. La pieza musical se convierte en un espacio lleno de ensenadas y recovecos, donde en cada rincón surge una nueva historia.
Alumno de Frescobaldi, Johann Jakob Froberger enfoca el legado del maestro no desde la anarquía mediterránea, sino desde el rigor teutónico. Froberger busca la cuadratura del círculo y, de alguna manera, la consigue. Su Tombeau faît a Paris sur la mort de monsieur Blancheroche -soberbio epitafio fúnebre escrito en memoria de Blancrocher, un laudista francés fallecido tras caerse de la escalera de su casa- ha de tocarse «muy lentamente, a discreción, sin observar el compás». La música, libre y al mismo tiempo constreñida, se retuerce sobre sí misma en forma de atormentadas espirales, permitiéndose incluso un detalle descriptivo algo macabro (la brusca escala descendente del final parecería representar la caída de Blancrocher).

Eclosión y caducidad
Mientras que la fantasía de Frescobaldi asume la modalidad de una eclosión siempre renovada (véanse las Cento Partite sopra Passacali), la de Froberger pone el acento en la caducidad de las cosas: es el persistente memento mori de un músico que se recrea en su melancolía. También el empleo de la disonancia genera sensaciones dispares. Si las durezze frescobaldianas son el producto de un juego de tensiones que el compositor proyecta hacia el exterior, las de Froberger encarnan una suerte de marchitamiento interior. Como en la Fantasía sopra UT-RE-MI-FA- SOL- LA, donde la disonancia parece carcomer progresivamente las armonías de la pieza.
En su primer disco como solista, Aarón Zapico -miembro del conjunto Forma Antiqva- firma un registro ejemplar. El clavecinista muestra virtuosismo y sensibilidad, desgranando las notas y el aparato retórico de los affetti con formidable claridad. No menos acertados los criterios de selección y ordenamiento de las piezas, donde Frescobaldi y Froberger se alternan en términos complementarios.

Las dos caras de la fantasía.

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