Proyecto Bárbara

Forma Antiqva se compromete con la creación femenina con una nueva iniciativa que quiere servir de altavoz para las mujeres y la lucha feminista

9 marzo 2019

Forma Antiqva –o lo que es lo mismo: la formación a la que dan vida los hermanos Zapico: Aarón, Daniel y Pablo– ya no tiene nada que demostrar en el universo de la música barroca, pero les faltaba hacer aún más visible su compromiso con la lucha feminista en general y con la creación femenina en particular. Y por eso este trío de virtuosos nacido en Langreo que asombra el mundo en cada uno de sus recitales acaba de lanzar ‘Proyecto Bárbara’. Porque «bárbara es excelencia. Algo llamativo y magnífico que indica asombro y admiración, según nuestro diccionario», arranca Aarón Zapico, decidido a utilizar el altavoz social que se han ganado a lo largo de los últimos años «para reconocer y mostrar la creación femenina en todas las facetas» a su alcance.

Y, para empezar, coincidiendo con este 8-M, la formación camerística ha organizado dos recitales en el marco del XXIX Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid cuyos programas –creados expresamente para el Día de la Mujer– ilustran dos fotografías de Sofía Santaclara, imágenes que son «poemas de cuerpo y piel». «Creación contemporánea, asturiana y femenina» capturada por una artista «que mira a la cámara y se desnuda. Que calla para decirlo todo».

El primero de los recitales tuvo lugar ayer mismo en la Basílica de San Miguel con éxito de crítica y público. El segundo será esta tarde en el Real Coliseo Carlos III de El Escorial. Dos citas que constituyen el punto de partida de una iniciativa que quiere impulsar la labor de creadoras. Porque –en palabras de Zapico– «el desconocimiento de lo que están haciendo las mujeres en el campo musical es vergonzoso, pero no solo en ese terreno».

Dos conciertos que sirven también para rendir homenaje a Barbara Strozzi (Venecia, 1619 Padua, 1677), «nombre superlativo en la historia de la música. Artista, creadora y empresaria. Toda una incógnita aún a día de hoy que «discute de ética y estética, de lo humano y divino, en una sociedad que satiriza lo femenino. Hija bastarda y madre soltera se empeña en firmar con su nombre. En ser real y no un espejismo».

La gran dama de la cantata barroca «viste la palabra de música en una osada e íntima relación que demanda del intérprete una paleta de colores infinita». Y lo hace con «ingenio y erotismo», explica el más mediático de los Zapico sobre una mujer que ha pasado a la historia como una de las figuras más interesantes del Barroco italiano, aunque silenciada.

Una soprano y compositora que brilló con luz propia en un mundo de hegemonía masculina como era –y es– el de la música, en el que consiguió destacar guiada por su propia ambición gracias a la sensibilidad y expresividad emocional que supo imprimir a toda su obra.

Nacida un 6 de agosto en casa de Giulio Strozzi, su madre, Isabella Garzoni, era una de las sirvientas. Y, según los especialistas en su figura, es más que probable que Barbara fuera hija ilegítima de Giulio, quien no solo la adoptó, sino que le regaló la posibilidad de acceder a la cultura, en la que pronto despuntó por su inmenso talento innato. Y eso es también digno de destacar para los Zapico, que defienden «la importancia de que los hombres se impliquen también en la lucha feminista».

Y es que, según los expertos, Barbara Strozzi sobresalió con tanta fuerza en una escena cultural mayormente dominada por ellos gracias a la educación y al apoyo que le brindó su padrastro y a la seguridad con la que ella misma dirigió su carrera.

Este noble florentino, poeta y libretista de ópera, fue una de las figuras relevantes de la vida intelectual veneciana de aquella primera mitad del XVII. Y, profesionalmente, colaboró con lo más granado de la música de la época: Monteverdi, Francesco Cavalli, Francesco Manelli o Francesco Sacrati.

Miembro de la Accademia degli Incogniti –una de tantas asociaciones de pensadores y artistas destinadas al debate– fundó él mismo la Accademia degli Unisoni, a la que también accedió Barbara.

O lo que es lo mismo: contra todo pronóstico en una sociedad profundamente machista, Giulio se ocupó de que su hija recibiese la mejor formación musical a la que se podía aspirar en la Venecia, que no era otra que estudiar canto con el gran Cavalli, el mayor y mejor compositor de ópera del momento y uno de los responsables de su florecimiento como espectáculo de masas, fuera de los palacios.

Y, una vez que la joven alcanzó un grado notable de interpretación vocal e instrumental, la empujó a actuar en público en las reuniones de la Accademia, algo también inusual en aquel momento.

Porque, como explica la estudiosa Rachel Rubin, en esa época las mujeres podían aprender a cantar y a tocar, pero no podían hacerlo ante otros. Algo que le lleva a concluir que Giulio Strozzi tenía «una visión progresista de la mujer y de su papel en la sociedad». Y, aunque las primeras composiciones de Barbara Strozzi están construidas sobre textos de su padre, ella también empezó a crear las suyas, desarrollando un estilo muy personal. Así que, además de consagrarse como una gran intérprete, llegó a ser una importante compositora.

Tanto, que su intensa actividad creativa dio como fruto hasta ocho libros, una cifra que la sitúa entre los compositores más prolíficos de su momento, y su obra rebasó las fronteras de Italia, llegando a ser conocida en el resto de Europa y siendo incluida en algunas de las principales antologías musicales de la época.

De entre las más de cien piezas que componen los volúmenes que publicó entre 1644 y 1664, destacan en número las arias, las ariettas y, especialmente, las cantatas profanas, género cuyo desarrollo y evolución Strozzi impulsó en Venecia de tal forma que hay quien la identifica como una de sus creadoras.

Aunque, al margen de lo que aportó al género, quizá su mayor logro fue constituir un precedente para las mujeres compositoras, al publicar su obra y conseguir abrirse un hueco profesional.

Una mujer empoderada que firmó unas letras que son poemas de amor de corte marinista –es decir, influidas por la obra de Giambattista Marino– en los que derrocha elegancia. Y, sin embargo, una gran desconocida, como muchas grandes artistas contemporáneas lo son cuatro siglos después. El claro ejemplo de la desigualdad. «Así que, al igual que los músicos no estamos para tocar siempre lo mismo en los mismos sitios, sino para hacer algo por los más desfavorecidos, también el objetivo colectivo debería pasar por contribuir a que esta sociedad sea mejor».

Azahara Villacorta
Culturas
El Comercio — La voz de Avilés
Sábado, 9 de marzo de 2019

Premios

Premios MIN de la Música Independiente - Mejor Álbum de Música Clásica 2018 para «Concerto Zapico Vol. 2»

NPR Music's Best Classical Albums Of 2018 para «Concerto Zapico Vol. 2».

Premio GEMA al Mejor Grupo de Música Barroca (s. XVIII) y del Clasicismo 2016.

Premio GEMA a la Mejor Producción Discográfica 2016 por "Crudo Amor - Agostino Steffani" (Winter & Winter).

"Asturiano del Mes" del periódico La Nueva España, Excelente Audio Clásica, Excepcional Scherzo, Goldberg 4 estrellas, "Grupo del Año 2010" de la TV del Principado de Asturias, Melómano de Oro, Nomination ICMA 2011, 2012 & 2014, Prelude Classical Music, "Premios de la Música en Asturias" 2012, Premio Serondaya a la Innovación Cultural 2012, Recomendado CD Compact, Ritmo Excelente, Supersonic Pizzicato.

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